
El 31 de octubre, en The Venue de Riad, Saúl «Canelo» Álvarez (63-3-2, 39 KO) volverá a un ring por primera vez desde septiembre de 2025. Frente a él, Christian Mbilli (29-0-1, 24 KO), campeón WBC de los supermedianos e invicto, pondrá en juego su cinturón verde y oro en un combate presentado bajo la bandera «Mexico vs. The World» de la Riyadh Season. Desde el anuncio, un discurso domina: a los 36 años, tras una derrota, una operación de codo y más de un año de inactividad, el mexicano no sería más que la sombra de sí mismo. Esa lectura merece ser matizada.
El combate ha seguido un camino sinuoso. Inicialmente programado para el 12 de septiembre, se aplazó a finales de octubre, en particular por un asunto familiar que retrasó el inicio del campamento de Álvarez. A finales de septiembre, BoxingScene reveló que Sela, el organizador saudí, aún no había financiado los controles antidopaje de VADA. La situación se regularizó a continuación: ambos boxeadores están ya inscritos en el protocolo específico de campeonatos del mundo, además del Clean Boxing Program del WBC. Un expediente sensible para Canelo, cuyo positivo por clenbuterol en 2018 sigue en la memoria colectiva.
En el plano deportivo, Álvarez llega como retador. Derrotado a los puntos por Terence Crawford en septiembre de 2025 en Las Vegas, perdió allí su estatus de campeón indiscutido. Operado del codo derecho a principios de 2026, afronta en Riad su periodo más largo de inactividad desde 2020. Para adaptarse al huso horario, Eddy Reynoso trasladó el campamento a Gandía, en España, lejos de su base habitual.
Mbilli, por su parte, se hizo con el cinturón interino en junio de 2025 al detener a Maciej Sulecki en un asalto, antes de ser elevado a campeón pleno en enero de 2026 tras la retirada de Crawford. Su espectacular empate ante Lester Martínez, designado combate del año 2025 por el WBC, confirmó su densidad física y su volumen de golpes. Pero el franco-camerunés de 31 años, exolímpico de Río 2016, nunca ha afrontado a un rival de este calibre.
Se ha repetido mucho que Álvarez ha perdido velocidad. Esa lectura es exagerada. Sus reveses recientes llegaron frente a dos perfiles muy particulares: Dmitry Bivol en 2022 y luego Crawford. Dos técnicos capaces de gestionar la distancia con el juego de piernas, de salir del eje y de no ofrecer nunca un blanco fijo. Precisamente lo que le falta a Mbilli.
El campeón WBC es un boxeador formidable —potente, resistente—, pero su registro se apoya en la presión. Avanza, corta el ring y busca el intercambio. Frente a Canelo, esa elección táctica tiene un coste. El mexicano conserva la velocidad de manos, el timing al contraataque y el sentido de la anticipación que lo convierten en uno de los mejores boxeadores de su generación. Sobre todo, mantiene una potencia capaz de castigar cada entrada mal preparada. Un rival que viene hacia él es el escenario que Álvarez domina desde hace más de veinte años de carrera profesional.
Existen incógnitas: la solidez del codo operado, la capacidad de sostener un ritmo alto durante doce asaltos, el óxido de un año sin pelear. Pero la edad, a menudo blandida como un veredicto, no basta para condenarlo. Treinta y seis años no es una edad inhabilitante para un boxeador que siempre ha basado su juego en el placement y la precisión más que en la explosividad pura.
Mbilli tendrá su oportunidad en los primeros asaltos si impone un volumen suficiente para impedir que Álvarez se asiente. Pero a medida que avance el combate, la experiencia y la calidad de los contragolpes del mexicano deberían marcar la diferencia. Nuestro pronóstico: victoria de Canelo. El 31 de octubre, en Riad, Saúl Álvarez tiene la ocasión de recordar que no ha terminado y que sigue siendo una referencia de la categoría.